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Capítulo VII: Augam Bay, Sri Lanka

28 de noviembre de 2013 Author: FYI Tags: , ,

fotos Luz Stephens lettering Victoria Zamora.

@lula_step: Arugam Bay es un pequeño paraíso, morada de surfistas provenientes de todas partes del mundo, que compiten amistosamente en el agua contra los insuperables isleños y sus piruetas sobre las olas del Océano Índico.

Tras un inolvidable y agotador paso por India, después de volar 9 horas en un avión atendido por azafatas en Sarees con estampados de pavo real, el lujo de toallas calientes antes de comer extraños postres azucarados, aterrizamos en la capital de este remoto país, Colombo.

Viajar por Sri Lanka es como retroceder en el tiempo. Mientras miraba con total asombro citadino como un grupo de ratones gigantes revoloteaban entre la basura, el asistente de tren cortaba a mano los tickets de cartón decorados con unos caracteres indescifrables, en una caseta tan elegante que era digna de habitar alguna estación de trenes europea.

El tren llegó avisado por una imponente bocina, mientras mujeres vestidas con sarees y hombres con vestimentas de los 70’s subían y bajaban de los vagones envueltos en una nube de vapor. Los vagones serpenteaban sobre las vías que se extendían zigzagueantes por playas paradisíacas que se convirtieron en infinitos campos de té, haciendo honor a Ceylan, nombre que llevaba la isla hace un par de años atrás.

Unos cuantos “Tuc-tucs”, un viaje en un bus decorado en toda su extensión por deidades locales, una pelea con unos locales embusteros en “Sarongs” (que en nuestra ignorancia occidental bautizamos como “Asian pañales”), una caminata entre la selva y al fin llegamos a Arugam Bay.

Nuestra morada era una pequeña pieza con baño privado y techo de paja que tenía una escalera directa a la playa, la cual se transformo rápidamente en nuestro paraíso terrenal.

El paisaje era infinito, decorado con palmeras y numerosas embarcaciones de colores que contrastaba con el grupo de mujeres bañándose en la orilla con oscuros burkas, mientras hombres miraban atónitos nuestros bikinis de turistas.

Y así, dos tardes se convirtieron en días, tomando “Arack” de coco y whiskey, haciendo sesiones de surf matutinas y degustando la variada cocina local, mariscos, pescados exóticos y mi postre tradicional favorito “Banana-chocolate Rotti”.