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❤ A lo antiguo

10 de febrero de 2014 Author: FYI Tags: , ,

Sé que soy una persona 100% apasionada por las cosas, ideales y sentimientos. Siempre me he destacado por ser intensa y por ser la reina de la justicia. Pero el otro día viví el sentimiento de impotencia más grande que he sentido en estos 28 años.

Hace ya un par de semanas que estaba buscando una casa para un evento y unos amigos me hablaron de una casa hermosa en la mitad de “Sanhattan“. La verdad es que había sido un día eterno recorriendo todo Santiago en busca de casas hasta que llegamos a esta maravilla. Al abrir la pequeña reja del ante jardín ya sabía que me iba a enamorar perdidamente de esta casa. Al entrar estaba Lucy, asesora del hogar que nos recibe y nos deja pasear libres por la casa.

Al pasar la puerta mi cara se desconfiguró; hace mucho tiempo no entraba a una casa donde me sentía en otra época. Al ver mi cara, “Lucy” me comentó que estaba todo intacto, tal como lo dejo la “señora” dueña de la casa quien murió hace ya un año y meses.


No podía realmente  creer lo que mis ojos miraban; todo era impactantemente hermoso, los muebles, mesa, decoración, murales, piso, chimenea. Al salir me encuentré con un patio y una piscina con cascada todo rodeado de buganvilias, con una escalera de caracol blanca que bajaba del segundo piso.

Al volver al pasillo principal mi intriga por conocer el segundo piso era gigante, por ende le pregunté a Lucy si podía subir. Me dijo que por supuesto. Al subir las escaleras, las cuales están al lado de una pared de enredaderas, llegué a 4 piezas -cuál más linda que la otra- todas tamaño pequeño, las que dan a una terraza que mira el patio.

Al bajar pregunté sobre qué iba a pasar con la casa. Cuando “Lucy” cuenta que la van a vender y que lo más probable es que la conviertan entera, me llené de rabia, de pena y de ansiedad de saber en cuánto la vendían para ver si existía alguna pequeña posibilidad de que yo la comprara, la cual era obviamente ni una.  Al ver mi cara ante tal momento de rabia, Lucy nos contó más cosas sobre la casa, sobre su dueña, a quien cuidó hasta el último minuto.

Al pasar más de 45 minutos en la casa conversando y yo sacando fotos como loca para que si algún día la votan tener algún recuerdo de cómo era, nos despedimos. Al salir me di cuenta que este país, a pesar de que lo amo locamente, no tiene ni una cultura de preservar las cosas y luchar porque esta casa no se vote. Cerré la puerta me subí al auto y lloré por esa casa.

No tengo por donde tener la plata para salvarla pero sé que mucha gente lee FYI y si algún día llega a pasar esto, espero que mucha gente se siente como yo afuera de esta casa para que no la voten, de repente los milagros existen y lo último que se pierde es la fe.